Cuando en París no había hoteles “Fórmula 1”
Después de una noche en el tren, vestidas en la couchette pero habiéndonos desabrochado el corsé como nos dijo la Sra. Macià, la Gare de Austerlitz , o la de Lyon primero, nos acogió entre sus andenes, su cerco de rejas que la jalonan y París nos ofreció sus calles de pavimento gris, húmedo o por la lluvia por el riego de limpieza.
Mosén Anglada nos llevó a desayunar; por supuesto croissants y café au lait
Descubriríamos los lienzos de los impresionistas, no hundiríamos en el cielo del Planetarium sorprendidas al igual que en el museo de física donde vimos saltar de unos a otros la electricidad estática.
Nos prendaríamos de “la Gioconda” de Da Vinci y pasaríamos como a quien no le importa al lado de la Victoria de Samotracia. Y el Louvre sería una de tantas visitas.
Recordaríamos las novelas de crímenes que se desarrollan en la ribera del Sena contemplando Notre-dame des del bateau - mouche mientras circundábamos la Ile de la Cité.
La Sra. Macià no desperdiciaba ocasión para: - Fíjense, ven como se dibujan los arbotantes. Y todas girábamos la vista para imprimir en nuestro cerebro la imagen de esa Notre-dame que jamás íbamos a olvidar.
Paseábamos por París, incansables, como si quisiéramos deglutir la ciudad. Y atendíamos a cualquier llamada de atención de ella, la Sra. Macià o de Mosén Anglada.
Era para la mayoría la primera vez que atravesábamos los Pirineos.
Apenas contábamos quince o dieciséis años. Éramos señoritas.
Tomaríamos café en el “Café de la Paix”. En la terraza exterior.
Contemplaríamos Paris desde la azotea convertida en mirador de los Almacenes Lafayette .
Y descubriríamos que nuestro mundo no era “el mundo”.
Montmartre nos acogería como quien aspira a otra clase de vida. Y los artistas nos merecerían respeto y admiración.
Nunca más un viaje nos habría cambiado tanto; nunca más oiríamos por primera vez, las que estudiábamos inglés, la palabra “fromage” de tal forma que desearíamos comérnoslo aun sin saber si la corteza se quita o se come de ese queso cubierto de yeso blanco.
Nunca más ningún jardín como los del bosque de Fontainebleau nos dejaría inmersas en la tristeza nostálgica de una tarde gris. La visión del cisne en las aguas del lago sería permanente.
En diez días nos llevábamos París en el bolsillo. Habíamos terminado el bachillerato superior.
Y aunque algunas de nosotras fumábamos, “en secreto” claro, nadie nos criticaba; entonces fumar era un símbolo de distinción y libertad entre las mujeres y las chicas, por supuesto.
Volveríamos a cruzar los Pirineos con un par de años más a cuestas a pesar de solo haber estado ausentes tan solo diez o doce días.
La primera infancia estaba superada. Y con ella la inocencia del mundo cerrado y propio de cada una.
Anna Babra


Un repaso -recuerdo- autobiográfico, a lo que parece. Juventud divino tesoro, pues. Yo atravesé los Pirineos en mi segunda juventud y a bordo de mi R-5 desde Cataluña y luego hacia el corazón de Francia, en tiempos en que se podía dejar el coche una semana en un patio abierto de los que hay -o había- por Saint-Denis y no te lo tocaba nadie. Y mientras, a recorrer arriba y abajo la gran ciudad. Porque es una ciudad para estar visitándola toda la vida, en diferentes estaciones el año, y es una ciudad puente, pues en ella te encontrabas al mundo y si eras abierto podías conectar con los seres de otro mundo. Pero esta es una larga historia que brindaba historias que uno aprovecha en parte pero que otras se le escapan. A veces uno se pregunta: ¿y si hubiera aceptado aquella propuesta? ¿Y si me hubiera largado a tal confín que se me ofreció? Tal vez desde entonces sigo teniendo pendiente Ur.
ResponEliminaParís y Mesoppotamia quizá sean hemanas. Ur también seria eterna para el viajero.
EliminaDe momento "nos queda" París. Siempre podemos volver o eso parece.
Salud Fackel. Un comentariio provocador.
Anna Babra
Ya he vuelto más veces, pero siempre reclama. Siempre hay algo nuevo, o lo viejo que nunca te da tiempo a ver.
EliminaPero en los viajes son muy importantes los acompañantes. O los encuentros imprevistos. Sin unos y otros no hay ciudad, viaje, visita. Hay mucho más que los monumentos.
Gracias, Anna.
No hay de qué Fackel. París ha estado otras veces al alcance y también fue...pero no como la primera vez.
EliminaUn día debería o deberíamos, escribir sobre los viaajes no cumplidos, ¿no crees?, y si fuera posible sobre ese viaje a Ur. Perdona mi atrevimiento.
Un abrazo.
Anna Babra
Es verdad, hay fronteras que te lanzar hacia el futuro y otras que te ayudan a viajar hacia el pasado; aunque no es fácil asegurar cuál de ellas nos aporta más.
ResponEliminaUn abrazo.
Viajar siempre después de aquello ha significado conocimiento.
EliminaSalud, Francisco.
Anna Babra
Va ser la mirada innocent a un "nou món" i va ser enlluernador.
ResponEliminaCom diuen... "sempre ens quedarà Paris" !.
Salut !.
Sempre hi podrem tornar. O això volem creure.
EliminaSalut, Artur.
Anna Babra
nunca te habia leido acabo de leerte tus lineas llenan mi alma y tambien mi mente
ResponEliminaMuchas gracias por tu visita y por tu comentario. Siempre serás bien recibida.
EliminaSalud, Mucha-
Anna Babra
Mucha, ¿dónde te encuentro? ¿Tienes blog? ¿Puedo visitarte?
EliminaParís, als 20 anys, va ésser l.imatge provocadora d.un mon nou, lliure. Em va captivar. Els records segueixen en la ment. Una descripció genial Anna que m.ha retornat a aquells dies. Una abraçada.
ResponEliminaSempre quedarà París, no creus?
ResponEliminaGracies Pilar.
Anna Babra
Paris est belle, ou Paris est beau?.
ResponEliminahttps://www.youtube.com/watch?v=3WcCg6rm3uM
Paris est différent. París est liberté
ResponEliminaAlmenys en aquella època.
Salut, Francesc.
Anna Babra
Un placer ha sido leerte Buen dia para tí
ResponElimina